Adicción, broncas y/o calabazas
Andrómaco observa y camina, camina y observa. Habla poco pero cuando la mujer le asegura que están compartiendo el mismo refugio antinuclear por unos minutos sólo porque él está, cuando la mujer le asegura también que estarán solos en el próximo refugio antinuclear, Andrómaco habla algo más. Y sonríe. No sabe que la mujer miente. Luego se da cuenta y vuelve a observar y caminar, caminar y observar. La mujer vuelve a frecuentar refugios antinucleares y vuelve a declarar su microamor a otros Andrómacos, que no saben que la mujer miente.
Otra mujer afila sus neuronas y las coloca en una boleadora para utilizarlas como arma arrojadiza. El cráneo de Andrómaco, vacío de observar y caminar, de caminar y observar, parece su diana perfecta. Las neuronas afiladas de la otra mujer se clavan en el cráneo vacío. Andrómaco no está en ningún refugio y la mujer número dos guarda más neuronas afiladas para seguir clavándolas en el cráneo de Andrómaco. Pero hay algo en Andrómaco que le acompaña y le protege: Andrómaco no sangra porque ya sangró todo. Y sigue paseando, mirando sin mirarse.
Andrómaco se sienta, cansados los ojos, y la pantalla los sigue castigando.



