De vuelta
Los ingleses, en un alarde de exageración, quemaron Donosti en 1813 para desalojar a las tropas napoleónicas. Estos días, la compañía británica de teatro de calle Avanti Display presenta, en el marco de la Feria de Teatro de San Sebastián, un original espectáculo protagonizado por el agua. Llegan un poco tarde. Pero lo de la capital guipuzcoana es de no parar. Siempre hay algo organizado, no te puedes aburrir nunca. Y menos el pasado martes, que tuvo lugar el llamado "Concierto por la paz". Aunque se está poniendo un poco feo el proceso de paz en Euskadi. Después de las desafortunadas actuaciones del juez Grande-Marlaska, sustituto de Garzón en la Audiencia Nacional, llamando a declarar a Gorka Aguirre (el peneuvista que actuaba de contacto con ETA) y al propio Xabier Arzalluz, se ha incorporado Garzón a su puesto y ha ordenado la detención del responsable del Grupo Noticias, Pablo Muñoz, de tendencia nacionalista de izquierda moderada. Un hombre que ejercía de puente entre la izquierda abertzale y el PSOE. Mientras, SEGI, organización juvenil de la izquierda independentista (ilegales según la inaudita Ley de Partidos), vuelve a reclamar la independencia (desde hace unos años la consigna era pedir autodeterminación), en carteles donde aparece el propio Zapatero como enemigo. Pese a que el supuesto pacto previo del Gobierno con ETA publicado por Gara no es más que una interpretación interesada de los batasunos más radicales (opuestos al diálogo), cobra fuerza la tesis de Arzalluz acerca de que los procesos judiciales están inspirados por el Gobierno de España. Y es una pena. El "Concierto por la paz" no ha hecho ninguna gracia al mundo abertzale: era un acto institucional, organizado por el Festival de Jazz fuera de programa, y con el apoyo de las administraciones públicas y las grandes empresas. Hasta el punto de que la crónica en Gara la han redactado de oídas: no sabían ni el lugar que ocupaba Dylan en el escenario.
San Sebastián rebosaba de jóvenes extranjeras y locales (también varones, también) que paseaban su belleza antes, durante y después del multitudinario concierto. Una juventud, en este caso la donostiarra, que se divide en dos bandos bien diferenciados: los pijos (también llamados por un periodista local "ñoñostiarras") y los alternativos. Esto sucede así desde hace décadas, y los adultos que habitan esa ciudad maravillosa son también herederos de esas dos tendencias, atenuadas según los poderes adquisitivos de cada cual. Aún hay un tercer grupo: los que no somos oriundos, pero sus incontables atractivos nos atraparon para siempre. Atractivos que residen en ese proceso que ha sufrido la urbe durante los dos últimos siglos: de balneario de la aristocracia a joya cuidadísima para disfrute de todos. El pueblo (hipercrítico allí, sea del bando que sea) ha hecho suyos los jardines de los palacios, la playa, el puerto, el antiguo casino (hoy ayuntamiento), las calles. Un ejemplo único de puesta a disposición de la ciudadanía del lujo que ofrece la unión de un conjunto natural irrepetible con un concepto urbanístico que lo acuna hasta convertirlo en un sueño.
Y un estilo de vida. Han clausurado el expendedor de tickets para esperar turno "sin limpiar" en una pescadería del remozado Mercado de San Martín. Nuevo triunfo de "Comodones Sin Fronteras" (ONG de la que soy presidente honorífico). Por eso será que durante mi estancia en La Bella Easo las siestas prolongadas han campado a sus anchas, con sueños como el que tuve justo antes del macroconcierto. De visita en la oficina de una revista en la que colaboro, una de sus empleadas es la camarera de un bar que frecuento. Por supuesto, nos besamos y me da su teléfono. Ya fuera del recinto, que resulta ser el centro educativo donde me torturaban de niño, veo que está todo vallado, y hay sillas apostadas en el exterior. Una prima mía que me guarda una plaza me devuelve lavadas unas sábanas y unos cuantos paraguas. Hay dos animales de ficción: un loro y un búho. Intento volver adentro pero está ya todo cerrado y con control de accesos, puesto que allí es el concierto de Bob Dylan. Entonces tengo la certeza de que esa chica me ha dado su teléfono en sueños, así que no podré llamarle. El loro y el búho se han ido abrazados cuando ya molestaban, después de hacer una pirueta en uno de los paraguas. La noche anterior había soñado con una ciudad europea grande y gris, en la que viajaba en un tranvía sin cesar.
Nada que ver con la verde y azul San Sebastián. La Fundación Kursaal y el Festival de Jazz organizaron, como decimos, el 11 de julio de 2006 el denominado "Concierto por la paz" en la donostiarra playa de La Zurriola, justo detrás del Auditorio del Kursaal, famoso edificio de Rafael Moneo, formado por dos cubos de cristal que adoptan la forma de las piedras del cercano rompeolas. Lo de la paz tiene que ver, según la organización, con el momento político que vive Euskadi hoy, con ese proceso de negociación en ciernes entre el Gobierno español y ETA, marcado a la fecha del evento por un alto el fuego de la organización armada. Los artistas participantes fueron Mikel Laboa, veterano cantautor vasco entre lo telúrico y lo experimental, el grupo catalán Macaco, el DJ donostiarra Javi Pez y el mítico Bob Dylan.
Dylan ofreció un concierto memorable, ante más de 80.000 personas congregadas en la arena. Como viene siendo habitual en sus interminables giras desde hace cuatro décadas, lo importante fueron las canciones: ellas solas constituyen un espectáculo de primera fila. Apostado tras su teclado, en un lugar discreto del escenario, el de Minessota fue desgranando, tema tras tema, unos cuantos capítulos de su particular enciclopedia de la música popular. No faltaron sus himnos recurrentes, siempre reinterpretados con esa voz arrastrada que le caracteriza; pero tampoco potentes piezas de rock, rotundos rythm&blues y bellísimas baladas. Su grupo de músicos (guitarra, bajo, batería, teclados y violín, contrabajo) sonaba como un reloj, siempre ajustados y siguiendo las órdenes de su director, un Dylan en plena forma, que tocó la armónica en repetidas ocasiones y sonreía satisfecho del buen resultado de su genio. Nos quitamos el sombrero (cosa que él sólo hizo en una ocasión durante el concierto, y fueron unos segundos para secarse el sudor).
Bob Dylan, 11 de julio de 2006, 21 h.
Playa de la Zurriola, San Sebastián
Formación:
Bob Dylan (voz, piano, armónica); Stuart Kimball (guitarra); Dennis Freeman (guitarra); Donnie Herron (steel guitar); Tony Garnier (bajo); George Gabriel Recile (batería).
Temas:
Maggie’s Farm
The Times they are a’changin´
Down along the cove
To Ramona
It’s allright, Ma
Girl from the North country
Highway 61 revisited
Mr. Tambourine Man
I’ll be your baby tonight
Tweedle dee and tweedle dum
Don´t think twice, it’s allright
Summer days
Like a rolling stone
All along the watchtower



