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Dylan en Zaragoza

July 29, 2006

Bob Dylan ha estado en Zaragoza en dos ocasiones, que serían tres si nos tomásemos al pie de la letra el inspirado relato de Joaquín Carbonell “Dylan estuvo en mi casa”. Las dos fechas fueron el 25 de julio de 1995 y el 21 de abril de 1999, ambas veces en el Pabellón de deportes Príncipe Felipe. Yo estuve en el concierto de 1999, cuyo telonero era Andrés Calamaro.

Calamaro hizo un concierto acústico bastante gritón, acompañado de dos músicos. Decepcionante para un cantante de su altura. Aunque también hay que decir que lo había visto antes en la despedida de su grupo “Los Rodríguez” y también estuvo ciertamente cargante.

Luego salió Dylan con su banda. Entonces todavía tocaba la guitarra; ahora se apoya en el teclado para cantar sus obras maestras. Parecían un teatro de autómatas: curiosos especímenes de la América profunda, escupiendo country por los cuatro costados. Pero qué bien escupían. Los temas, como siempre, casi irreconocibles. En un momento dado me di cuenta de que estaba escuchando el Memphis Blues Again que versioneó Kiko Veneno en su disco del 95. La lista de canciones que interpretó fue ésta:

  1. Oh Babe, It Ain’t No Lie (acoustic)
  2. Mr. Tambourine Man (acoustic)
  3. Masters Of War (acoustic)
  4. Girl Of The North Country (acoustic)
  5. A Hard Rain’s A-Gonna Fall (acoustic)
  6. Tangled Up In Blue (acoustic)
  7. Blowin’ In The Wind (acoustic)
  8. Stuck Inside Of Mobile With The Memphis Blues Again
  9. What Good Am I?
  10. ‘Til I Fell In Love With You
  11. Make You Feel My Love
  12. Highway 61 Revisited

(encore)

  1. Love Sick
  2. Leopard-Skin Pill-Box Hat
  3. It Ain’t Me, Babe (acoustic) (with harp)
  4. Maggie’s Farm

Zapatero

En un reciente (y magnífico) reportaje de El País Semanal firmado por Juan José Millás aparecen estas palabras de José Luis Rodríguez Zapatero:

Los medios son una forma de hacer política desde el poder, porque quieren poder, pero no quieren transformar la sociedad. ¿Tienen los medios alguna vocación transformadora, de cambio? Tiene mucho más afán de cambio la ciudadanía. Por eso, yo trabajo cada día más pensando en los ciudadanos que en los periodistas, tanto en mi forma de actuar como en la de comunicar. Y esto constituye un acto de fe democrática. La fe en la democracia informa cada acto de mi vida. La idea es que mandan los ciudadanos. En mi campaña electoral dije varias veces que me proponía quitar poder a los poderosos y entregárselo a los ciudadanos, y a eso es a lo que me dedico. El único poder que tiene el 90% de los ciudadanos es su voto, cada cuatro años. Los poderosos, en cambio, votan todos los días. Y esta convicción hay que llevarla a todas partes. Te voy a poner un ejemplo muy claro, el de la energía nuclear, que va a provocar un debate muy importante. En nuestro programa, que coincidía con un deseo muy fuerte de la ciudadanía, se incluía la reducción de centrales. Ya hemos cerrado una. Es evidente que hay problemas de energía, y que quizá aumenten por el precio del petróleo. Pues bien, nosotros, en ese contexto, vamos a hacer un calendario de cierre de centrales. Esto va a generar mucha polémica porque la mayoría política, estoy seguro, va a apostar por la energía nuclear. La energía nuclear es la respuesta sencilla. Yo, sin embargo, creo que hay que hacer crecer las energías alternativas. Y eso, cuando lo haces por convicción, trasciende, con independencia de lo que digan los medios. Los ciudadanos desconfían con razón de la energía nuclear porque no está resuelta la seguridad ni está resuelto el problema de los residuos. Además, una cultura que contempla un límite a la energía nuclear es una cultura que pone freno también a los proyectos militares. No sólo tenemos Irán como problema. Hay otros países que van a caer en esa tentación. Siempre se empieza con fines civiles y de ahí se pasa a los militares.

A veces, en el Consejo, algún ministro se queja de que los telediarios de TVE no nos tratan bien. Y yo les digo que hemos ganado las elecciones para esto, para que los telediarios de la televisión pública sean, al fin, independientes. Si quieres que te traten mejor, hazlo mejor. A mí las satisfacciones más grandes no me las producen los aplausos, sino el hecho de ver a los demás felices. Un hombre en el poder no es un hombre en su destino. Lo que importa es el destino del país al que sirve. En eso consiste la visión republicana de la vida.

Mi experiencia de estos dos años en el Gobierno –añade– es que el poder es un buscador incansable de excusas para demorar la solución de las tareas difíciles. Yo no estoy dispuesto a caer en ese vicio. Por eso tomo decisiones cuando creo que es el momento de tomarlas. Evalúo los riesgos y mido las consecuencias, desde luego, pero en esta evaluación jamás intervienen cálculos electoralistas. No te puedes imaginar hasta qué punto esos cálculos pueden retrasar las decisiones importantes. En el problema de ETA, si no hubiera elecciones dentro de dos años, estaríamos todos de acuerdo. Fíjate, por ejemplo, en el asunto de las pensiones. Yo llevo 20 años oyendo que no se pueden subir las pensiones porque el sistema no aguanta. Pues las hemos subido y no sólo aguanta, sino que mejora. Si se hubieran cumplido las profecías de los agoreros, el sistema de pensiones habría saltado a mediados de los noventa.

Todo esto me recuerda las palabras que leí emocionado en un diario de Buenos Aires cuando Zapatero asumió el poder en España, extraídas del final de su discurso de investidura:

Algunas utopías merecen ser soñadas. No las alcanzaremos todas, pero nos marcarán el rumbo por el que hay que avanzar. En mi vida ese rumbo ha estado marcado siempre por un credo que quisiera expresar públicamente en un día y en un acto como éste. Ese ideario es breve: "Un ansia infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes".

Esta última frase la extrajo del testamento de su abuelo, fusilado por los franquistas durante la Guerra Civil. No soy votante del partido en el que milita Zapatero, ni lo seré nunca. Pero me alegro mucho de que este hombre sea el presidente del gobierno de España.