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Grass, Ratzinger, los dados y la postal

August 18, 2006

Ratzinger en 1940

-En el libro usted habla ampliamente de su "amigo Joseph". ¿Era de verdad Joseph Ratzinger, el hoy papa Benedicto XVI, el que usted se encontró en el campo de prisioneros?

-Sólo es una suposición. Ese pensamiento no me vino hasta que no me puse a escribir. Lo cierto es que en Bad Aibling, ese campo masivo con unos 100 mil prisioneros de guerra a cielo abierto, pasé mucho tiempo en un agujero en la tierra con un chico de mi edad. Los dos teníamos 17 años. Él era de procedencia bávara, era intensamente católico, hasta el fanatismo, y a sus 17 años era capaz de meter en la conversación citas en latín. Teníamos mucho tiempo, hambre y tiempo. En el mercado negro, a cambio de insignias, conseguí una bolsa de dados y masticábamos grano. Con el bote lanzábamos los dados por nuestro futuro. Él quería subir en la jerarquía eclesiástica y yo quería ser artista y famoso.

-¿Cómo funcionaba lo de los dados? ¿El que lanzaba el número más alto podría formular un deseo?

-Sí. Incluso nos peleamos acerca de si yo también podía ser papa. En la historia hay suficientes papas que no creían en Dios, argumentaba yo… Y mientras escribo el manuscrito de mi libro de memorias, un alemán se convierte en papa. Y entonces leo -sabía quién era el cardenal Ratzinger, su postura conservadora, su actuación silenciosa perseverante desde un segundo plano- que estuvo en Bad Aibling. Este Joseph me resultaba familiar, y también su forma de ser por lo tímido, perseverante y silencioso. Sólo puedo suponer que era él.

(Entrevista a Günter Grass con motivo de la aparición de sus memorias de juventud, "Pelando la cebolla", en las que habla por primera vez de su pertenencia adolescente a las SS).

Curiosamente, la postal que quizás mandó Ratzinger con el texto "Futuro papa Bebedicto XVI" coincide con la anécdota del juego de dados…