Mis zapatos negros
Cambia la vida cuando cambia el año simplemente porque cuando das un salto dejas tus huellas atrás. Veo una película infumable que se titula "El perfume" y me pregunto por qué hay tantos humanos dedicados a darle vueltas a textos vacíos, pretenciosos, que dan un salto al vacío sin el paracaídas del necesario sentido del ridículo, que no es lo mismo que la maravillosa libertad de hacer cuanto quieras para destilar el momento feliz, la frase ingeniosa, el hallazgo que te lleve a alzar las cejas. Pero como salgo del cine acompañado de una belleza de largas piernas y la belleza se ríe, casi me da igual que la película sea la suma de pérdidas de tiempo de miles de humanos. La película es como este texto: vacía, pretenciosa, sin pararse a considerar la pérdida de tiempo. Pero de nuevo sobreviene la contradicción: no hay pérdida de tiempo nunca. Porque el tiempo no existe, yo no existo. Nadie existe. Sólo pululamos. Pero Dustin Hoffman es un pedazo de actor, eh. Viejo, mejor. Muerto, mejor. Los actores de toda la vida ganan con los años. Y no digamos con la muerte.



