El conductor y el paracaidista
No, dice el conductor.
No caiga en mi camión,
paracaidista por favor.
¡Era un paracaidista y estaba muy alto!
No diga sí por favor.
Y el conductor tan gruñón,
sigue diciendo no.
Pero el paracaidista tan arriba,
no oye nada, ni una pizca.
El conductor asustado
mueve el camión pero está mareado.
¡Grite fuerte conductor,
no se quede atolondrado!
No hay manera.
El paracaidista cayó sobre la carga
del camión del conductor.
Llevaba un cuadro, una mesa
y una estatua con forma de condesa.
(Eva Tausiet, 6 añitos)



