Buenazo, imprevisible, aragonés de Huesca, estudiante de medicina que nunca aprobó un examen, hijo del director de la Compañía de Aguas de Madrid, ni pintor, ni poeta, Pepín Bello no fue nada más que nuestro amigo inseparable.
Luis Buñuel, Mi último suspiro, 1982
Pepín Vello: recibo tu carta que me confirma tus grandes abtitudes anti-trascendentales y anti-artísticas, tienes, nobstante, el defecto y sobre todo el peligro de la difusión y la broma.
Salvador Dalí, Carta a Pepín Bello, 1927
Pepín era genial… se pasaba el tiempo por las calles, sin hacer nada, haciendo el putrefacto, inventando… Esto fue cuando salió el “anaglifo”, el “ruismo”… El ruismo era la tendencia a ir por las calles.
Rafael Alberti a Max Aub en la revista Helix, 1929
José Bello Lasierra (Huesca, 13 de mayo de 1904-Madrid, 11 de enero de 2008), habitante del barrio de la Prosperidad de Madrid. Coincide en la década de los 20 con Lorca, Dalí y Buñuel en la Residencia de Estudiantes, una institución liberal para jóvenes burgueses. Es el personaje oculto, el aglutinador.
De su influencia nacen los anaglifos, micropoemas; o los putrefactos, entes que parten de su fijación por los carnuzos, que son las caballerías muertas y por extensión de su mente creativa, “toda forma carnosa repugnantemente muerta”. Ambas, creaciones surrealistas antes del surrealismo, presentes después en “Un perro andaluz” y en varios dibujos y cuadros de Salvador Dalí.
Los putrefactos son, por extensión, las personas de orden (con bigote). Aquí podemos ver unos cuantos putrefactos dibujados por Pepín Bello en 1927, inscritos en una carta a Federico García Lorca.
Los anaglifos son en origen las representaciones gráficas en rojo y azul que mediante unas gafas con plásticos de esos colores hacen ver la imagen en relieve. Uno de los primeros anaglifos literarios del grupo de la Residencia incluía la palabra “anaglifo” al final, y fue lo que dio nombre a estas pequeñas obritas literarias. La estructura de un anaglifo es la repetición de dos sustantivos, la inclusión obligatoria de “la gallina”, y una tercera aportación de sustantivo, que ha de chocar fuertemente con el primero elegido. Veamos unos ejemplos:
El búho,
el búho,
la gallina
y el Pancreátor.
El té,
el té,
la gallina
y el Teotocópuli.
Lorca inventó el anaglifo barroco, en el que el elemento final era una frase y no una palabra. Pronto el anaglifo murió. Ejemplo:
Guillermo de Torre,
Guillermo de Torre,
la gallina
y por ahí debe andar algún enjambre.
Otra aportación teórica y práctica de Pepín Bello es el “ruismo”, habilidad consistente en pasear por las calles sin más.
Una de las características más reseñables de Pepín Bello es su carencia de obra. No hay libro ni pintura ni película ni casi ningún objeto fruto de su creación. Escribe, pero lo destruye todo por no quedar satisfecho. Su gran creación es él mismo, que un día decidió no tener un oficio concreto. Es el testigo cordial de la Generación del 27 y el guía espiritual del nacimiento del surrealismo español. Don José participó del momento artístico más fructífero de los últimos cien años. Sus amigos le rogaban que trabajase, que produjese la obra artística que su talento podía crear. Pero él optó por la vía de la comodidad, de la tranquilidad. No necesitaba la gloria para nada.
Formó parte de la Orden de Toledo, parodia de cofradía fundada por Luis Buñuel, en la que profesaron sus votos etílicos Salvador Dalí, Federico García Lorca, su hermano Francisco, Rafael Sánchez Ventura, Pedro Garfias, Augusto Centeno, José Uzelay, Ernestina González, Rafael Alberti y un largo etcétera. Pepín era el secretario, y sus actividades consistían fundamentalmente en beber en grupo por las tabernas de Toledo.
El único texto publicado por Pepín Bello es un caligrama (poema gráfico) titulado “El ateneísta” (L’Amic de les Arts, núm. 31, Sitges, marzo de 1929):
Otro texto reseñable de Pepín Bello (en una carta a Dalí):
“Me gustan los culos de los santocristos”.
Pepín Bello vivía en la Residencia de Estudiantes desde sus once años, en 1915. En 1918, llega Buñuel. En 1919, Lorca y en 1921 Dalí. Se relaciona también con otros ilustres residentes, como Alberti o Dámaso Alonso. Bello se fue en 1925. En 1927, Buñuel escribió la obra de teatro “Hamlet”, con la colaboración de Pepín Bello.
En 2001 le otorgaron la Medalla al Mérito en las Bellas Artes. En 2004, le fue concedido el Premio Aragón del Gobierno de Aragón.
Salvador Dalí tiene un dibujo de juventud en el que se lee: “¡OLA PEPIN ¡SI SEÑOR!”. Se trata de "Crucifixión 1", de 1925: