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La Última Cena de Leonardo da Vinci y sus versiones

March 15, 2008

 

Con el cuadro de Joan Costa "Sacra limpieza. El día siguiente" (2007), que aporta la imagen de doce criadas y un perro en vez de doce apóstoles y un Cristo, en el escenario de la Última Cena, se completa la eterna revisión del famoso fresco de Leonardo. Veamos algunas otras versiones, empezando por la original…

 

 

 

Y para terminar, una reproducción en relieve plateada como la que había en el salón comedor de tantas casas franquistas, como por ejemplo la que me alojó en la infancia. Bajo la escena se podía leer en latín: "Amen dico vobis quia unus vestrum me traditurus est", o sea: "En verdad os digo que uno de vosotros me traicionará".

 

Soneto asonante número 1

 

Si se parecen la caspa y la ceniza
no sorprende que cosas tan dispares
como el cobre o el brillo de los mares
nos dañen tan adentro, tan deprisa

El dolor escuece a veces con su risa
pero otras pasa lento con sus males.
Permanece -da igual que lo apuñales-
inamovible, arriba en su repisa

El sistema linfático fluyendo
el páncreas destilando los desechos
y la muerte tan viva destruyendo

Esta calle de estómagos maltrechos
donde moran Penélope y Don Mendo
se llama yo y está presa en mi pecho

La fuente de los muñecos

 

En Aquisgrán hay una pequeña fuente que representa unos muñecos, coronada por un gallo de bronce. Está construida de modo que las articulaciones de las figuras se pueden mover al antojo del viandante. Al antojo del viandante se le llama libertad. A las articulaciones de los muñecos de bronce se les llama libertad. A la idea del escultor de la fuente se le llama libertad y a la caricatura de literatura que describe la fuente, los muñecos, el gallo, las articulaciones, el antojo del viandante, el escultor, la literatura y la libertad se les llama libertad.

Madreselvas en flor

 

Gusto por lo hipnótico, desclasificado, errático, displicente, embriagador, díscolo, anagramático, estéril, enigmático, sacudidor, ambivalente, exquisito, esquinado, inadaptado, excesivo, ínfimo, lírico, sádico, enloquecido, absurdo, arrabalero, dadaísta, infantil, alcohólico, salado, perdido, atrevido, encontrado, provocador, enfermizo, exagerado, inclasificable, tópico, utópico, romántico, despreciado, acogedor, brutal, sutil, deformante, misterioso, comprobado, secreto, alienado, alineado, crujiente, poético, fecundo, científico, inmóvil, popular, oscuro, modesto, lúbrico, irreal, vacuo, profundo. Mi reino no es de este mundo.

Rayos equis

 

Primavera y menos ropa sobre los cuerpos cálidos de las mujeres urbanas. Un hombro se divisa a lo lejos como un faro que evidencia la piel como reclamo. En Bilbao los cortes de pelo son distintos a los del resto de la península. Una atmósfera de rayos equis empaña abril y las corrientes de la ría aplazan el amanecer. Si la luz emanara de un centro de telecomunicaciones sabríamos que el despiste de un funcionario o el resto que se desprecia de una operación aritmética han abierto esa nube que desvela el hombro. Un visitante se diluye -menos los ojos- en el interior de la camisa plástica que nunca debió comprarse. La nube se cierra y el sudor y el tráfico y la fina lluvia posponen de nuevo la fecundación.

Bebés suicidas

 

La playa es testigo de la llegada de ballenas sanas que permanecen varadas agónicas hasta la muerte. Los bebés que se lanzan al vacío lo hacen movidos por impulsos más eficaces. Su cráneo roto contra el suelo les asegura una muerte rápida. Si las ballenas se suicidan por una pérdida de orientación, el bebé cuyas ansias de volar le llevan al infierno quizás intuya que lo único que le espera es orientación. Nacer, ser orientado y morir. Sólo evitan el paso intermedio.

El eclipse total de Madagascar

 

Recorro los periódicos y los mapas como una lombriz la tierra y como una lombriz la tierra suelo desechar un volumen similar al que trago. Pero una vez vi -entre lo que se queda- la coincidencia entre la isla de los baobabs y los efectos eléctricos de la ocultación del sol. El eclipse total de Madagascar se convirtió en el nuevo paraíso utópico en el que compartir sueños, amor, sexo y cosquillas en el alma.

Claro que la distancia, las vacunas, los trabajos, el asma, las reformas políticas o ese extraño crujir de los codos al andar me devolvieron magullado a la ciudad eterna de origen de la que nunca salí, al lugar donde el sol sí luce sin efectos eléctricos, sin animales que se agazapan, sin gafas especiales. Y como siempre mi furia contenida se desveló en un pequeño gesto: al romper un papel con parsimonia, arqueé la ceja izquierda y me olvidé.