El eclipse total de Madagascar
Recorro los periódicos y los mapas como una lombriz la tierra y como una lombriz la tierra suelo desechar un volumen similar al que trago. Pero una vez vi -entre lo que se queda- la coincidencia entre la isla de los baobabs y los efectos eléctricos de la ocultación del sol. El eclipse total de Madagascar se convirtió en el nuevo paraíso utópico en el que compartir sueños, amor, sexo y cosquillas en el alma.
Claro que la distancia, las vacunas, los trabajos, el asma, las reformas políticas o ese extraño crujir de los codos al andar me devolvieron magullado a la ciudad eterna de origen de la que nunca salí, al lugar donde el sol sí luce sin efectos eléctricos, sin animales que se agazapan, sin gafas especiales. Y como siempre mi furia contenida se desveló en un pequeño gesto: al romper un papel con parsimonia, arqueé la ceja izquierda y me olvidé.



