Rayos equis
Primavera y menos ropa sobre los cuerpos cálidos de las mujeres urbanas. Un hombro se divisa a lo lejos como un faro que evidencia la piel como reclamo. En Bilbao los cortes de pelo son distintos a los del resto de la península. Una atmósfera de rayos equis empaña abril y las corrientes de la ría aplazan el amanecer. Si la luz emanara de un centro de telecomunicaciones sabríamos que el despiste de un funcionario o el resto que se desprecia de una operación aritmética han abierto esa nube que desvela el hombro. Un visitante se diluye -menos los ojos- en el interior de la camisa plástica que nunca debió comprarse. La nube se cierra y el sudor y el tráfico y la fina lluvia posponen de nuevo la fecundación.



