Ha sido aprobado por el Gobierno de España un trasvase temporal de agua de la provincia de Tarragona a la ciudad de Barcelona. Se trata de tender una tubería de 62 kilómetros que aporte 40 Hm3 desde las inmediaciones de la ciudad de Tarragona hasta la depuradora de Abrera (Barcelona), para cubrir las carencias de agua de boca que puedan producirse en otoño de 2008 en la Ciudad Condal.
La empresa encargada será Aguas de Barcelona (La Caixa), la misma que gestiona las conducciones en Zaragoza capital. Mediante un plan de cubrimiento de 100 kilómetros de acequias, se conseguirá ahorrar en origen tanta agua como se trasvasará. La procedencia de estas aguas es del delta del Ebro (Amposta), desde donde llegan a Tarragona merced a un trasvase anterior.
En el Levante peninsular consideran este trasvase un agravio. Allí pretendían recibir 1.050 Hm3 anuales de la cuenca del Ebro para usos terciarios (Plan Hidrológico Nacional, 2001) y se les negó en 2005. La comparación es odiosa (ver arriba el gráfico del diario Público). En Aragón, todos los partidos políticos excepto el PSOE están en contra de esta conducción de agua, nombre oficial del proyecto, en un intento fallido de no soliviantar a nadie con la palabra trasvase.
La postura de Chunta Aragonesista e Izquierda Unida es de continuidad sin autocrítica: los primeros se escudan en argumentos ecologistas que el mismo Pedro Arrojo, defensor de la Nueva Cultura del Agua, ha matizado (apoyando este trasvase); los segundos insisten en posiciones antitrasvasistas con origen lógico en la defensa del desarrollo aragonés ("Aragón tiene sed" fue una acertada campaña del PCE en los setenta).
El Partido Popular en Aragón (y su corifeo, el Heraldo) pide la dimisión del presidente del gobierno aragonés por su apoyo al trasvase, rizando el rizo de la cizañería que les caracteriza, en su dedicación a enfrentar ciudadanos, sea cual sea el argumento (en Valencia y Murcia es el contrario).
Como símbolo encastillado, el Ebro acompaña a la Virgen del Pilar y al Real Zaragoza en las neuronas irracionales de los aragoneses. Como realidad, que la gente de Barcelona pueda beber agua del grifo es el asunto prioritario. Los que se oponen al trasvasico no tienen en cuenta que hace unos cuantos miles de años la Grecia Clásica que configuró el pensamiento de Occidente desterró el mito y puso los primeros cimientos de la filosofía.