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Otra muestra de surrealismo maño

October 30, 2008

Hace unos días se produjo en Zaragoza un encuentro inusitado. Por un lado, John Giorno. Por otro, Gerhard Hoffmann. ¿Que quiénes son esos tipos? Como bien explican los enlaces, se trata del último exponente de la contracultura estadounidense y de uno de los pocos brigadistas internacionales vivos que participaron en la Batalla del Ebro.

Cada uno por su lado, protagonizaron sendos eventos en la ciudad. Y cada uno por su lado, fueron llevados al interior de la Basílica del Pilar. Allí dentro, coincidieron. Sus respectivos cicerones se conocían y bajo las cúpulas de uno de los lugares de culto más rancio del mundo, la contracultura y la revolución se dieron la mano. Una vuelta de tuerca más a la increíble capacidad de esta tierra para acoger sucesos más allá del absurdo.

El regimiento de Musko

En la poco conocida comedia de Shakespeare A buen fin no hay mal principio, también traducida como Bien está lo que bien acaba, el personaje paródico es un tal Parolles, un tipo mentecato y traidor.

Parolles se encuentra solo pensando en voz alta. Supuestamente ha ido en busca de su tambor arrebatado por el enemigo, pero es un cobarde y no piensa más que en inventar excusas para cuando vuelva sin él. Los amigos de su amo Beltrán se hacen pasar por soldados extranjeros hablando un idioma inventado, que incluye frases como “Throca movousus, cargo, cargo, cargo”, “Cargo, cargo, viliando par corbo, cargo”, “Boskos thromuldo boskos”. Parolles les dice: “Veo que sois del regimiento de Musko”. El que se hace pasar por intérprete le habla en su idioma, sin dejar de pronunciar también palabras inexistentes: “Boskos vauvado”, “Kerely bonto”, “Manka revania dulche”.

Fingen perdonar su vida (”Oscorbidulchos volivorco”, “Acordo linta”) y le llevan vendado. “Portotartarosa”, “Bosko chimurcho”, “Boblibindo chicumurco”, inquieren los falsos extranjeros. Y Parolles confiesa, aún vendado, ante Beltrán. Creyéndose en campo enemigo, detalla la condición de piojosos y malvados de todos cuantos están presentes, hasta que le quitan la venda y se percata del complot. Aún así, le dejan marchar.

Así que ya sabéis, oscorbidulchos volivorco.