Oficio de santo
Un hombre descubre que ha vivido en pecado toda su vida y abandona su familia, sus amigos y su trabajo para dedicarse a un nuevo oficio, el de santo. Las pocas personas con las que se relaciona se sorprenden al ver que sus costumbres difieren de las del resto de los mortales: no ve la televisión, no tiene alimentos en casa, no se le conoce pareja, no asiste a reuniones, no se compra ropa, no va al fútbol, no utiliza el coche…
Sin embargo, a nuestro personaje parece faltarle algo; encuentra que en su nueva vida de santo no evoluciona, no consigue que su anacoretismo le llene. Así que decide ser Dios, el peldaño siguiente al de santo en su escala de valores. Pronto se da cuenta de que para ser Dios es necesario tener creyentes, porque si no no hay religión que valga.
Lo primero que se le ocurre para encontrar prosélitos es comprarse un traje. Vestido como los políticos es posible que algunas personas le hagan caso. Y así, con su corbata, va intentando convencer a la gente de que es Dios. Pero la gente está muy ocupada con sus hijos, sus trabajos, sus compras, su ocio, su angustia, sus fines de semana, su horóscopo y sus enfermedades, para andar empezando a creer en un dios nuevo.
El proyecto Dios ha sido un fracaso. El personaje vuelve a su oficio de santo. Por lo menos tiene ganado el Cielo, ya que en la Tierra no hay dios que le aguante.
(En la foto, Antonio Tausiet sentado en la Fosa Común del Cementerio de Zaragoza. Se está muy cómodo sin Facebook que valga).



