
Me he encontrado con este texto en el que se explica la visión de la historia como un duelo entre Marx y Shakespeare. Está en el libro "Shakespeare, nuestro contemporáneo" (1965), de Jan Kott, publicado en España en 2007 por Alba Editorial.
Hay dos tipos básicos de tragedia histórica. El primero se basa en la concepción de que la historia tiene un sentido, que cumple una misión objetiva y que se dirige a un punto determinado. Es racional o al menos inteligible. La tragedia es, pues, el precio que se cobra la historia por el progreso de la humanidad. Marx comparó la historia como un topo que excava la Tierra implacablemente. El topo es irreflexivo, pero excava la Tierra en una dirección determinada. El topo se convertirá en trágico si queda sepultado por la Tierra antes de que tenga tiempo de salir a la superficie.
Existe otro tipo de tragedia histórica que surge de la convicción de que la historia no es lineal y que está parada en el mismo sitio o siempre repite el mismo ciclo cruel. El topo excava la Tierra pero nunca saldrá a la superficie. Las siguientes generaciones de topos siguen excavando la Tierra en todas direcciones y continúan sin encontrar la salida. El topo se da cuenta de que la Tierra, el cielo y las estrellas no han sido creados para él. Seguirá excavando la tierra que le sepulta una y otra vez. Y entonces el topo se dará cuenta de que es un topo trágico. Es la visión de Shakespeare.
En los ámbitos políticos, se habla de "topo" cuando se alude a un infiltrado en una organización, al servicio de otra enemiga. En España existe desde 1976 una revista marxista llamada El viejo topo; y en Aragón una radio libre, Radio topo, desde 1993, heredera de Onda Vorde (1986). Son, cada una a su modo, testigos del primer tipo de concepción de la tragedia.
El viejo topo que escribe esto participó en la creación de aquella radio, en 1986. Sin embargo, últimamente ando bastante hermanado con Shakespeare (que, curiosamente, ya hizo alusión al "viejo topo" en Hamlet, I, V). No fue el primero: el mismísimo Arcipreste de Hita le quita hierro al asunto en el Libro de buen amor (s. XIV) cuando nos cuenta la vieja historia de la Tierra preñada, que tanto gritaba que todos creían que pariría un monstruo: resultó ser un topo. Mucho ruido y pocas nueces.
ACTUALIZACIÓN 12-1-2009:
Debido a que el que sigue en cursiva es el mejor comentario que he recibido en la larga historia de mis "divagancias" en Internet, me veo obligado a hacer un ejercicio doble: contestarlo pormenorizadamente y copiar su contenido en el cuerpo del post, porque supera ampliamente los márgenes habituales de la confrontación de ideas, o de palabras (que viene a ser lo mismo).
“Mucho ruido y pocas nueces”; no cabe duda de su hermanamiento con Shakespeare aunque cabría recordar que su obra homónima (en traducción literal “Mucho ruido por nada”) no deja de ser una comedia de enredo sobre la complejidad del ser humano, de cómo cada sentimiento encierra en sí mismo su opuesto y de cómo cada negación es un deseo enmascarado. Por ello resulta juicioso pensar que, puesto renegáis de él, algo de topo trágico subyace en vos; valor preferible al de raposa que para no sufrir menoscabo en su dignidad opta por desdeñar las uvas que le son inalcanzables.
Aciertas de pleno, "Viejo Vorde", en mi contradictoria identificación con el Topo Trágico. Por ello también das en la diana en la relación que estableces entre "Much Ado About Nothing" y mi posición. No obstante, confieso (como ya saben quienes me conocen a fondo) que mi postura habitual es deliberadamente epidérmica, coraza que uso reiteradamente para huir de la cruda realidad interior que me atenaza. No obstante, sigo convencido de que mi visión, sea por la causa que sea, se acerca a la de quienes creen que no existe la luz al final del túnel.
Por otra parte conviene reseñar la parcialidad de Jan Kott en la interpretación de la cita de Marx puesto que ésta se completa personificando en el Viejo Topo todo aquello que lucha oculto y tenazmente y que, aunque nadie duda de su existencia ni de la persistencia de su labor, no se sabe dónde ni cuándo aflorará. Yo por mi parte me permito añadir esta otra reseña sobre Marx, Shakespeare y los topos en “RESISTENCIAS. Ensayo de TOPOlogía General”, de Daniel Bensaïd, profesor de filosofía en la Universidad de París:
“Desde Shakespeare a nuestros días, pasando por Marx, el TOPO es la metáfora de lo que avanza obstinadamente, de las resistencias subterráneas y de las irrupciones súbitas y, muchas veces, inesperadas. Cavando con paciencia sus galerías en el espesor oscuro de la historia, surge en ocasiones a plena luz, en el destello solar de un acontecimiento. Él encarna el rechazo a resignarse a la idea de que la historia esté llegando a su fin.
El Ensayo de Topología General explora las figuras filosóficas de esta resistencia a través de grandes pensadores contemporáneos, especialmente Louis Althusser, Alain Badiou, Jacques Derrida, Antonio Negri o Françoise Proust. Y como los desastres del siglo pasado arruinaron las grandes esperanzas de antaño, hoy es más necesario que nunca descifrar la relación entre la historia y el acontecimiento, buscar dónde están las raíces de la posibilidad de una acción política rebelde a las sinrazones de una economía que construye implacablemente un destino del que es imprescindible evadirse.”
Fabulosa aportación complementaria a los textos que transcribo. Por mucho que me mueva la inacción, reconozco que me alineo invariablemente con quienes os movéis.
Querido viejo topo, mantengo en vos la vaga esperanza que reconsideréis vuestra visión trágica del Topo; o “Ña tú que se me ó”. Dado que vuestras garras han trocado la oscura labor de zapa por soledad filosófica del teclado (lo que resulta un ahorro en manicura) al menos, cuando la nostalgia de la galería comunal, o de las uvas verdes, le invada no tenga duda en que puede volver a enriquecer con su mordaz ironía la madriguera de éstos que seguimos preñando la tierra con nuestros gritos.
Como ya sabes, "Viejo Vorde", estoy retirado haciéndome la manicura desde hace muchas décadas, si es que en alguna ocasión me he dedicado a otra cosa. Lo que no quita que de vez en cuando mi Salón de Peluquería Virtual opte por acoger, como ahora, las labores de zapa de quienes seguís manchándoos las manos. Y encantado.
Con todo, en previsión de que de vuestra inconfesada condición de “viejo topo” no sea suficiente para que sus posaderas truequen la cálida poltrona por la frialdad del subsuelo ni el fútil destello personal del mundo digital por el oscuro anonimato de los cavadores, lo intentaremos por la vía “Shakesperiana” y su condición confesa de “viejo vorde”. Dado que en el artículo cita ser un padre fundador de “Onda Vorde” (o “papá vorde”) allá por el 86 y que indudablemente “la memoria es el centinela del cerebro” -Shakespeare dixit- sería saludable que intentase recordar la fecha de fallecimiento de aquel que fue cubil y sementera de mentes tan profundamente reflexivas como la suya. Si el resultado de tamaño ejercicio mental no es una cefalea sino una fecha, como puede ser el de 20 de febrero de 1989, quizás pueda intuir que “viejos topos” y “viejos vordes” andarán seguramente en estas fechas preparando algún tipo de encuentro en el que contrastar sus visiones sobre la vida en el subsuelo.
Sirva pues la presente como invitación ese encuentro en el que sin duda podrá, entre platos y chupitos, exponernos más ampliamente a los habitantes de la madriguera la realidad del mundo exterior estos últimos 20 años…
Un cordial saludo de un viejo vorde, viejo topo y además… su yerno.
Acepto encantado esa invitación a compartir viejos recuerdos y asumo todas tus críticas como lo vengo haciendo desde hace casi tres décadas. Ya me confirmarás en privado lugar y hora de ese encuentro espero que etílico. Abrazos.