Las edades del hombre contemporáneo
Se ven imágenes en blanco y negro de chicos y chicas jóvenes. Suena una canción de Otis Redding: "(Sittin´ on) the Dock of the Bay" ("Sentado en el muelle de la bahía"). La voz del locutor Rafa Arboleda recita:
Tantos kilómetros recorridos.
Tantos patinazos.
Tantas noches sin dormir.
Tanta música en directo.
Has vivido tantas cosas.
Gin Larios es lo que vives.
Se trata de un anuncio de ginebra multipremiado emitido en televisión en los años 1991 y 1992. Termina con unos característicos silbidos melancólicos inolvidables.
En 1808, Johann Wolfgang Goethe publicó la primera parte de "Fausto". Allí leemos:
Buena falta te hará la juventud si te acosan los enemigos en la pelea;
si jóvenes encantadoras se cuelgan con vigor de tu cuello;
si a lo lejos la corona de veloz carrera te aguarda desde la meta difícil de alcanzar;
si tras violenta danza vertiginosa vienen noches de festín y bebida. (…)
La vejez no nos vuelve infantiles, como dicen;
sino que nos encuentra todavía cual verdaderos niños.
Y en 2007, en la película del director canadiense Denys Arcand "L’Âge des ténèbres" ("La edad de la ignorancia"), un médico comenta a su paciente, en una de las ensoñaciones del protagonista:
Bien, tengo una buena y una mala noticia, señor Leblanc. La mala es que tiene usted cáncer, y la buena que es operable. Naturalmente, para operarle habrá que abrirle la caja torácica, de modo que la recuperación será bastante penosa. Luego vendrá la quimioterapia, que le dejará calvo y vomitará sin cesar, algo francamente asqueroso. A continuación disfrutará de dos o tres meses de remisión. Disfrútelos, por que por lo general, después descubrimos que hay metástasis, probablemente en el cerebro. Le abriremos para extraerle el nuevo tumor, le daremos un tratamiento de radioterapia, todo extremadamente doloroso, por supuesto. A pesar de todo, la metástasis se seguirá extendiendo por los huesos, la columna vertebral, la pelvis… Llegados a esa fase, la morfina dejará de hacerle efecto. El dolor será atroz. Probaremos con usted nuevos medicamentos, que son muy caros y muy poco efectivos. Eventualmente perderá el control del esfínter. Tendrá que usar pañales. Se pasará el día entero bañado en su propia mierda. Asqueará a todo el mundo. Dentro de uno o dos años, reventará como un perro. Ya está.
Luego viene el tema de la putrefacción de los cadáveres, que ya traté en esta otra entrada de Caetera.



