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Declaración de amor a la crisis financiera

April 2, 2009

No tenemos opciones de futuro, y se tambalean nuestros paraísos fiscales. Pero aún podemos seguir jugando, embadurnados en barriles de petróleo, mientras nos rescaten con inyecciones de efectivo. Nuestras acciones volátiles migran hacia primaveras de revalorización. El descontrol de los estados disminuye, pero sabremos preservar los intereses. Nuestra fusión hipoteca los créditos acumulados en abismos de inversión, fondos marinos infestados de cables que entrelazan las comunicaciones entre tú y yo. En los bancos del parque y en los otros, se desfondan nuestros besos como intervenciones urgentes, para que el índice de precios consuma el ardor del riesgo que asumen las bolsas noctívagas de los ojos que intercambiamos. Oleadas humanas de perdedores desnudos arriban a las costas de nuestra piel, blindada con alambres de pensiones que nunca llegaremos a cobrar, como volátiles migrañas de facturas que el tiempo dejará siempre impagadas. Ideologías barridas por el humo en un mundo global que amortizamos, amor de materias primas almacenadas, alma que desbarata previsiones, sobrevaloración de bienes de consumo. Inflación apasionada que destila una melancolía planetaria. Recesión desconfiada de fluidos como una fiesta de gritos desdentada. Mis economías en vías de desarrollo reciben tus golpes de estado de las cosas, agarrotando los miembros reunidos en diálogo de sordos mientras muero. El gozo recibido aquellos días por la hinchazón de mi burbuja inmobiliaria se disuelve en lánguido porcentaje. Pierdo mi empleo, mis manos de viaje sobrevuelan aeropuertos embalsamados de deudas sin honor ni valores selectivos. Bancarrota de pulsión enfebrecida, hambre, miseria, dolor, angustia, marejada. Remesas de dolor dolarizado en regresión de mugidos de vacas sagradas con síndromes incurables. Gastos inútiles en flujos de comercio, precio de capitales africanas, caravanas de sangre de lingotes, oro sin caja fuerte y sin aduana. Mi suspensión de pagos no te afecta porque me cobras aranceles en cada aduana, en cada cita de los siete grandes, en cada flujo de tus autopistas veleidosas. Récord histórico de pasatiempo idílico, mañana será ayer tras la ventana, y la clave de sol de la protesta, mi querella de amor disciplinada, la cárcel de los intermediarios que morderán de nuevo la manzana. La depresión que causas a mi cuenta, vacías ya tus ubres de porcelana frágil del oriente, estallará con fuerza desbocada y tendremos un hijo repugnante, autómata malformado de inspiración genético burlesca corrompido de pus, gigante con pies de barro enloquecido que nos engullirá en su opípara mesa para engendrar brillantes esquemas financieros que traerán nuevos mercados y nuevas guerras.