Qué majo, Sardanápalo
Mefistófeles: Mandaría edificar para las más lindas mujeres unas casitas íntimamente cómodas; allí pasaría horas sin fin en un retiro deliciosamente acompañado. Y digo mujeres, porque, una vez por todas, quiero yo las beldades en plural.
Fausto: ¡Ruin y moderno! ¡Sardanápalo!
Johann Wolfgang Goethe, Fausto, parte II, 1832.
Sardanápalo, nombre griego de Asurbanipal, era un rey de Asiria (Babilonia, Oriente Medio) en el siglo VII a.C. Fue uno de los pocos gobernantes de la antigüedad que sabía leer y escribir. Durante su reinado se vivió una época floreciente en las artes y las letras, y se construyó en la capital, Nínive, la primera gran biblioteca conocida.
La leyenda, tomada de Diodoro Sículo, historiador griego, atribuye a Sardanápalo su suicidio con todas sus concubinas y sus caballos, incendiando su palacio y toda la ciudad de Nínive, para que el enemigo no pudiese conquistarla.
El poeta romántico Lord Byron escribió al respecto su drama Sardanapalus en 1821, dando nombre a la favorita del rey, la esclava Mirra, y el pintor Delacroix reflejó La muerte de Sardanápalo en 1827, con éste acostado en su cama en la cima de una gran hoguera.
El personaje histórico ha pasado a ser la personificación romántica del poderoso que se rodea de opulencia y placeres, para concluir en la fábula moral de “los excesos se pagan” con su autoinmolación. Todo ello en torno a la supuesta razón de la caída de los imperios (en este caso, Babilonia) a causa de su depravación moral, tema que ya aparece en el Apocalipsis.
Una de las versiones del supuesto epitafio de Sardanápalo reza: “Come, bebe, juega, porque lo demás no vale la pena”. Es la versión positiva del mito, el consabido Carpe Diem.
Federico García Lorca escribe en su Oda y burla de Sesostris y Sardanápalo:
Sardanápalo enfermo de esmeralda,
que se quita las venas para entrar en el baño.
Niño triste que monta los caimanes y tiembla
con la rosa nocturna de fugitivo acento.
Compraste en almacenes de Tokio
un millón tres mil una mariposas
y les diste a beber sangre en los cuellos
de un millón tres mil una doncellas degolladas.
El apelativo sardanápalo ha quedado en castellano como “hombre dado a los placeres”. El nombre de la sardana, baile catalán, proviene de la isla de Cerdeña (Sardaña). Es decir, que no tiene nada que ver con Sardanápalo. Sin embargo, no se hace raro imaginar a unos cuantos ampurdaneses giróvagos en torno a una gran fogata solsticial con un Sardanápalo encamado en la cima, ardiendo junto a sus hetairas, triunfante en su autodestrucción ritual.




Según algunos historiadores, Sardanápalo no existió nunca. Pudo ser, al igual que la reina Semíramis, una invención de Ctesias, con la finalidad de trasmitir una imagen negativa de Oriente.
Recordemos que Ctesias en “Persiká” habla de este rey describiéndole como un rey corrupto. Ctesias trasmitió una visión de Persia desmejorada y bastante negativa que repercutió en la sociedad griega del momento y del futuro llegando a verse en la película de 300 al emperador Jerjes como un monstruo y a su guardia como hombres desfigurados, también monstruosos y endemoniados.
Assurbanipal es un rey que a mi entender, nada tiene que ver con Sardanápalo. Éste si que existió.
Un saludo.
Comment by Estudiante de Historia — May 27, 2009 @ 4:04 pm
Muchas gracias por tu erudito comentario, que completa muy bien mi apunte. En cuanto a invención y/o asimilación de personajes míticos, ya sabes que no son ciencias exactas, y a la postre tampoco importan tanto. Saludos.
Comment by Administrator — May 27, 2009 @ 6:50 pm
La primera vez que tuve conocimiento de la palabra ’sardanápalo’, fue leyendo a Arisitóteles, en su “ética a nicómaco”. Los Griegos desde luego conocían bien la historia de Sardanápalo.
Comment by sardanápalo — June 10, 2009 @ 12:58 pm
Gracias por tu visita, Sardanápalo; seguro que quien mejor conoce tu vida eres tú mismo…
Comment by Administrator — June 10, 2009 @ 1:05 pm
No estoy muy seguro de eso… de «conocerme a mi mismo».
Ni siquiera estoy seguro de que ningún ser humano realmente se conozca a si mismo, a pesar de que todos “creen” saber quienes son.
Comment by sardanapalo — June 11, 2009 @ 12:09 am
Yo, sin ir más lejos, no sé quién soy
Comment by Administrator — June 11, 2009 @ 1:31 am