El nuevo paradigma de la economía mundial, por Alain Touraine
(Zaragoza, 23 de octubre de 2006)
Introducción: la globalización
Quiero empezar del modo más sencillo del mundo: definiendo la palabra “globalización”. El capitalismo se define como la libertad para los empresarios, cortando los vínculos con la gente. Tras la II Guerra Mundial, la economía fue controlada por los estados, con éxito. A partir de los años 70 (además de la crisis del petróleo), se pasa al período neoliberal, en el que se eliminan los controles de todo tipo. Después de 30 años de orientación estatal, y otros treinta de orientación liberal, es previsible que ahora empiece una nueva época: la neo-socialdemócrata, con mayor peso de orientación estatal. El estado actual es el de un capitalismo extremo: la globalización. Nadie controla la economía desde abajo: nadie tiene capacidad para hacerlo. Los empresarios ya no tienen poder. Son los Fondos de Pensiones (holandeses, canadienses…) los que controlan gran parte de la economía. Lo social desapareció.
La crisis de la escuela, la familia, la ciudad, la democracia, no es más que un reflejo de la pérdida de control de los agentes sociales respecto a la economía. Por sus orígenes, una ciudad es fundamentalmente una democracia. Pero estamos asistiendo a la desaparición de las ciudades: las grandes ciudades, como México D.F. ya no son ciudades. Son zonas, en las que los ciudadanos no participan. Se trata del fin de lo social. Las instituciones sociales (escuela, sindicatos, familia) ya no tienen la función de control del poder económico.
Movimientos poblacionales
Hemos pasado de vivir “en territorio” a vivir “en flujos”: emigrados, inmigrados, exiliados… de modo creciente. Sin identificarse con un territorio. Ya no existe el concepto europeo de hace medio siglo de “las raíces”. Pese a que en Occidente vivimos de un modo tranquilo, sentimos claramente que vivimos en un mundo en flujo: que se mueve. Las instituciones no tienen sentido. Se crean organizaciones “anti”. Pero no hay nada nuevo como organización en positivo. ¿Qué queda? Un mundo de mercados, de migraciones, y lo que es más preocupante, de guerras. Cuando comenzó la guerra de Irak en 2003, los Estados Unidos cambiaron de repente. Se pasó de hablar de tecnología y sociedad a no hablar de nada, excepto de religión y de guerra, como el concepto del eje del bien y el eje del mal. Los medios del país no daban información sobre el propio país. Es la actual situación: la frase de Carl Schmitt, “La única categoría importante es la de amigo/enemigo”. Yihad contra Yihad. Mercado, migración, guerra: desorganización. Queda el individuo.
El individualismo y la creación de comunidades
Triunfa el individualismo, que se puede clasificar en tres grandes tipos. Primero, el individualismo consumidor, de la persona que se dedica en privado a ocupar su ocio en deportes o pornografía. Es una situación pasiva, no dramática. Todos nos vamos convirtiendo en consumidores espectadores, que en principio son los agentes más importantes de la cultura, puesto que la transforman con su mirada personal.
El segundo tipo es el del individualismo definido por atributos de nacimiento. Personas que reclaman el derecho de ser ruso, musulmán o de hablar hindi. Volvemos a un mundo de comunidades. Se reemplaza el modelo social de Rousseau por comunidades con sistemas comunitarios, como antes los nazis y hoy Irán. No hay interrelación, sino separación total: por un lado, el poder económico por encima; por debajo, el individuo. Max Weber dijo “Al final, queda la guerra de los dioses”. Es la actual situación, con Bush por un lado y Al Qaeda por otro. Mundos que no pueden comunicarse entre sí. Estamos entrando en un período -que puede ser fatal- de choque de civilizaciones. Eso, tratando de lo concreto.
Si nos vamos a lo abstracto, lo importante es la identidad. La modernidad era valorar al individuo por lo que hace, no por lo que es. Estamos volviendo de la sociedad a la comunidad, como volvemos de los roles a la identidad. Yo soy Hutu, tú eres Tutsi, yo te mato. Y de paso me cargo también a unos cuantos Hutus. Lo más importante es la guerra de las comunidades. Estamos al borde de la ruptura con el mundo del cambio, de lo moderno, de las instituciones.
Los proyectos positivos consisten en recrear vínculos sociales, ante la desaparición de la sociedad, para no vivir en un mundo bárbaro y salvaje. Antes el problema era conseguir derechos. Ahora existe el riesgo comunitario, que consiste en un movimiento continuo de expulsión y discriminación de los diferentes, de las minorías. Pese a esos peligros, la creación de mini comunidades es básicamente positiva.
El tercer individualismo
El más importante de los individualismos: el del individuo que se siente abandonado, que piensa que por encima de él hay poderes, mercado, guerras. Se siente subordinado y tiene la impresión de que ha perdido la identidad. ¿Qué le queda? Lo que hace que seamos humanos es que vivimos en un mundo doble: tenemos la cultura (la música, el arte, la religión). Desocializados, rechazados, manipulados, aún tenemos la conciencia de ser alguien que tiene el derecho de ser alguien: el derecho de tener derechos.
Los movimientos de resistencia al sistema, como los surgidos contra el poder soviético o nazi, nos evocan la imagen del prisionero al que sólo le queda la capacidad de decir no y la capacidad de perder su vida por ello. La libertad de sacrificar la vida da sentido a la vida. Pero estamos en una situación en la que las religiones, las grandes ideologías (dios, progreso, clases sociales) ya no explican nada.
Cada uno tenemos relación con los otros como seres de derecho. Somos seres morales con capacidad de juzgar qué está bien o mal. Es una sociedad de reflexividad. No actuamos sobre la naturaleza, sino sobre un mundo creado por nosotros mismos. Nos encontramos con un mundo sin estructura, sin normas, donde viven “cuerpos”: casi sólo un ojo y una boca. Un mundo en el que la legitimidad de nuestros derechos está en nosotros mismos. Una sociedad actual conformada por pequeñas comunidades sin capacidad para crear vínculos sociales. Pero abajo subsiste un sujeto, un “yo”.
Ello ha de transformarse en esfuerzos colectivos para defender la libertad personal en un espacio público. Es la base de cualquier tipo de política social que se haga hoy en día. Un ejemplo: la educación (escuela y familia). Estas instituciones estaban creadas para socializar. Hoy han de servir para individuar. Hemos de transformar la autoridad externa por la interna. La familia ha evolucionado mejor que la escuela. Las nuevas familias tienen conciencia superior de su función, que es dotar al individuo, a los hijos, de autonomía propia.
¿Qué esperamos de las leyes? La protección del individuo contra el Estado. Este inmenso vacío donde aún se ven los huesos de lo social se puede rellenar con los tres tipos de individualismo.
No vivimos el “fin de la Historia”, pero sí un cambio profundo, no sólo de paradigma. En Europa inventamos la modernidad. Mientras los orientales, más avanzados, luchaban por mantener su civilización, en Occidente se les daban dinero y armas a los hombres para la conquista del mundo. Así, Europa ha producido “energía” forzando a los inferiores y conquistando el planeta. Los ciudadanos matan reyes, los obreros se sublevan, las mujeres hacen su revolución, y después ya no hay conflicto. Europa se duerme en su pequeño barco en la corriente del mercado. Duerme la siesta desde por la mañana. Y también se pasa de transformar a destruir la naturaleza.
Mentalidad femenina: combinación
Las mujeres, por su experiencia histórica de ser dominadas, quieren reunir para la sociedad los elementos de la personalidad. A través de las mujeres, nos estamos orientando hacia adentro. Los hombres tienen el dinero, el poder, las armas. Pero las mujeres han conquistado la palabra.
Estamos pasando a un mundo cultural de combinación entre la profesión y la familia. No se trata de una batalla ni económica ni privada al cien por cien. La superioridad femenina consiste en saber hacer dos cosas a la vez, de conseguir la integración. Conjugar la vida laboral y familiar. Todos estamos ya en este mundo dominado por la idea central de construcción combinada. Las definiciones de la identidad femenina dadas por las propias mujeres son, en orden de importancia:
- Yo soy una mujer, no una víctima: concepto de identidad.
- Lo principal en mi vida es construirme como mujer.
- La sexualidad es importante para esta realización: la capacidad de crear un ser humano, pero también la transformación del sexo en sexualidad.
- La relación con el hombre es importante, pero más aún la relación de mí misma conmigo.
Una mujer musulmana lloraba porque tenía que separarse de su marido, que la maltrataba. Después de un tiempo, dijo que se había dado cuenta de que por primera vez en su vida había dicho la palabra “yo”.
Conclusión: vuelta a la sociedad a través del individualismo
La reintegración de los elementos sociales se realiza a través del yo. Lo mejor sería no hablar de una civilización concreta sino combinar aspectos concretos de una y otra. Colofón pesimista: por primera vez no estamos seguros. La civilización actual creada desde la Ilustración quizás no pueda sobrevivir. No existe un sistema de control interno y hay una amenaza externa. Pocos rechazan el modelo de sociedad de los últimos 500 años. Pero también pocos ven que puede desaparecer, igual que desaparecieron los diplodocus. En un futuro próximo, la sociedad moderna puede desaparecer. Pero actuemos como buenos pesimistas: hay que hacer grandes esfuerzos. Hemos de reconstruir un espacio público mediante un proceso democrático. Lo que más necesitamos es pensar. Estamos atrasados, tenemos ideas antiguas; estamos ciegos y sordos. Hay que ponerse a trabajar para mantener el derecho de ser seres de derechos.
Transcripción: Antonio Tausiet


